Están dedicadas a nuestros compañeros más pequeños, los de jardincito, que todos los días con un librito en la mano dicen:

“¿me lee seño?”

 

La leyenda del sauce llorón

 

Hace mucho tiempo, en una pequeña localidad llamada La Esquina, vivía una familia compuesta por el papá, la mamá y cuatro hijos. Esta familia era muy unida y trabajadora. Jorge, el padre, siempre salía a trabajar con sus tres hijos mayores, Juan, Pedro y Joshuá mientras Mariana, la mamá, se quedaba en casa con su pequeña hijita Pamela.

Un día de verano, de mucho calor, después de trabajar mucho cuidando vacas, caballos, cerdos y cabras, Jorge les dijo a los chicos que se bañaran en el río. Juan, Pedro y Joshuá fueron contentos a nadar mientras su padre los miraba desde la orilla hasta que se quedó dormido. En ese momento el río comenzó a crecer y crecer y la fuerza del agua arrastró a los tres chicos que desesperados movían sus brazos y llamaban a su papá, que despertó pero nada pudo hacer porque los chicos ya no aparecieron más. Jorge corrió y corrió buscando a sus hijos hasta que, cansado ya, se quedó quieto llorando en la orilla del río.

Pasaron tres días y Mariana preocupada salió a buscar a su familia. Caminó mucho pero no la encontró. Muy triste se sentó en una piedra a la orilla del río y se durmió. Cuando despertó se encontró cubierta por las ramas caídas de un gran árbol que tenía en sus raíces la ropa de sus hijos. Mariana, al sentir unas gotitas de agua sobre su rostro se dio cuenta de todo, ese árbol al que todos llamaron sauce llorón era Jorge que lloraba la muerte de sus hijos.

 

 

 

 

 

 

La planta de Naranja

 

Hace muchísimos años, cuando en la provincia de Tucumán vivían sus primeros habitantes, ocurrió un hecho que asombró a todos. Cuenta la historia que a orillas del río Salí habitaba una pequeña tribu de indios que cazaban conejos, suris y  yaguaretés; pescaban dorados, bagres, palometas y recolectaban frutos silvestres como tunas, chañares y mistoles. Esta tribu estaba al mando del cacique Tobicito que vivía con su esposa Trini y su hijo Luqui. Este indiecito era  muy hermoso, de cabellos negros y suaves, de ojos azules y de manos chiquitas. Su piel era distinta a la de los demás dorada, radiante y de un color anaranjado. Era además muy desobediente y no escuchaba las órdenes de su papá ya que siempre se escapaba y se perdía en el monte de tunas y sauces buscando animales extraños, pero regresaba cuando el sol se escondía.

Cierto día no regresó. Tobicito y Trini, sus padres y los demás indios de la tribu lo buscaron angustiados durante cinco días pero no lo encontraron.

La india más vieja de la tribu, dijo que lo buscaran en la orilla del río cerca de una penca y así lo
hicieron pero sólo hallaron el rastro, la pluma y la flecha del indiecito. Todos lloraron la pérdida de Luqui.

Al cabo de ocho días, una indiecita trajo una gran noticia. En el lugar donde encontraron las cosas de Luqui apareció una hermosa planta a la que llamaron naranja porque tenía unos frutos de color naranja.

 

 

 

 

La Leyenda de los ríos Chico y Medina

 

Hace mucho, pero mucho tiempo, vivía en la cima celestial el dios sol, conocido también como Inti. Este dios tenía dos hermosos hijos llamados  Chinaté  y  Megastor. El joven era  grande y cabezón y sumamente bondadoso y  de cuando en cuando bajaba al mundo de los humanos a contarles bellas historias, por lo que era muy querido y respetado. La joven era muy blanca, sus ojos eran verdes como las hojas de los árboles en primavera y sus cabellos amarillos y brillantes como sol. Los dos hermanos eran muy unidos. Un día, el joven Megastor, que acompañado de los demás dioses miraba hacia la tierra por las ventanas del palacio dorado, vio que la llanura donde vivían los humanos era azotada por una grave sequía. Las plantas, los árboles y las flores se marchitaban y los hombres y animales se morían de sed.

Ante esto los dioses se alarmaron y acudieron al dios Inti a pedirle que librase a los hombres del llano, de aquella terrible sequía. Pero el dios sol les dijo que era imposible, pues según las leyes celestiales sólo sacrificando a uno de ellos en el altar de fuego podrían conseguir agua.

Los dioses callaron, sin embargo ante la sorpresa de todos, Chinaté, la bella y virtuosa hija de Inti, poniéndose delante de su padre se ofreció valientemente para el sacrificio.

Megastor, que adoraba a su hermana, se arrodilló triste y pidió a su padre que lo sacrificase a él en vez de ella, pero Chinaté, aun cuando agradecía su gesto, no aceptó diciendo que los hombres echarían de menos las lindas y divertidas historias que aquel solía  contarles.

Más tanto insistieron que el padre finalmente  aceptó el sacrificio de sus hijos.

El joven y la joven se dirigieron al altar de fuego para el sacrificio. El dios sol pudo así hacer llover abundante agua cristalina. Agradeciendo a los cielos, los hombres, las mujeres y los niños, recibieron el agua, jubilosos.

 

Chinaté  y  Megastor, envueltos en infinidad de gotas de agua que caían sobre las montañas  del oeste se convirtieron en un tormentoso río que, con el sol se evaporaba para convertirse en nubes y luego caer en forma de lluvia y así durante diez noches, al cabo de las cuales, los hermanos quedaron convertidos finalmente en dos ríos: Chico y Medina.

 

Cuenta la leyenda que como los hermanos eran tan unidos, su padre decidió juntarlos en un lugar al que la gente llamó La Junta. Es allí donde los dos ríos se encuentran y siguen juntos hasta el dique El Frontal.

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Liter-aria. Revista de escritura

María del Pilar Moreno Martínez es profesora en Letras, egresada de la UNT. Comparte su actividad como escritora de relatos y poemas con la producción de ensayos. Publicó en diversas Antologías . LA RAMA DORADA , POEMAS Y MUROS COMO PUENTES y DE RESTOS Y DE RETOS son TRES de sus libros publicados hasta ahora. Además creó y administra desde 2009 esta revista literaria en internet, LITER-ARIA, www.liter-aria.com.ar, que difunde escritura de jóvenes y adultos de nuestra provincia y del exterior. Fue Coordinadora de Talleres de Expresión y comparte su tarea escrituraria con la dirección teatral. Creó y coordina el grupo de arte EL CANDIL.