Lecturas: del espacio íntimo al espacio público, de Michéle Petit (Reseña)

Consideramos que Michèle Petit en el libro Lecturas: del espacio íntimo al espacio   público quiere tender un puente entre el campo pedagógico y la investigación multidisciplinaria actual en materia de cultura escrita. Pretende abrir un espacio en donde el público en general pueda acercarse a las cuestiones relacionadas con la lectura, la escritura y la formación de usuarios activos de la lengua escrita.

 

Propone que los Espacios para la lectura son pues un lugar de confluencia (de distintos intereses y perspectivas) y un espacio para hacer públicas realidades que no deben permanecer sólo en el interés de unos cuantos.  Además hace hincapié en que todas las personas que trabajan con la lectura deberían pensar en su propia trayectoria como lectores, para que de este modo reencuentre los senderos por los cuales la lectura lo condujo del espacio de la intimidad al espacio público.

Los lectores no dejan de sorprendernos

 

En Los lectores no dejan de sorprendernos nos dice que la lectura es percibida por muchos adolescentes de hoy como un gesto aséptico, de conformismo y sumisión.

Al citar a René Diatkire explica que lo que más atenta contra el gusto por la lectura, es la indagación, una intromisión poco delicada en un espacio donde todo es particularmente frágil. Y lo no-dicho de un cuento o de un texto literario, que debe librarse a al fantasía de cada quien, nunca debería ser objeto de indagación por parte de un adulto. No significa que la literatura juvenil no tenga un lugar en la escuela media; pero ese tema de las relaciones entre lectura y escuela es muy complejo.

Es importante que existan espacios diferenciados: por un lado la escuela y por otro la bibliotecas extraescolares que dejan un lugar para el secreto; para libre elección y son propicias para los descubrimientos singulares.

Su apuesta está en que cada uno de nosotros tiene derechos culturales: derecho al saber, al imaginario; el derecho a apropiarse de bienes culturales que contribuyen a la construcción de sí mismo, a la apertura hacia otro, al ejercicio de la fantasía y a la elaboración del espíritu crítico.

También pone el acento en decir que algunos están separados de los libros por verdaderas fronteras, visibles o invisibles, y si éstos no van a ellos, jamás accederán a los libros. Es allí donde la Promoción de la lectura recobra sentido. Un encuentro puede dar la idea de que es posible otro tipo de relación con los libros, como es el caso de los talleres literarios.

 

Una persona que ama los libros, en un momento dado puede llegar a desempeñar el papel de “iniciador”, alguien que puede recomendarlos de modo informal; encontrará las palabras para legitimar el deseo de leer, e incluso para revelar ese deseo y así abrir tiempos y espacios. Esta postura hay que mantenerla muy sutilmente para que brinde un sentimiento de libertad y no de intromisión.

 

En Construir lectores, M. Petit nos brinda las estrategias para la construcción de lectores. El objeto de la investigación es cómo la lectura ayuda a las personas a descubrirse; a hacerse autores de su vida Construirse como sujeto de su destino, aún cuando se encuentren en contextos sociales desfavorecidos.

La lectura siempre produce sentidos, como es el caso de la ayuda que puede dar a los niños y adolescentes para comprender que, entre todas esas obras, habrá seguramente alguna que sabrá decirles algo importante para ellos en particular, así multiplicar las ocasiones de encuentros y de hallazgos.

Lo más probable es que no todos puedan transformarse en lectores, ya que la relación con la lectura también tiene que ver con la estructura psíquica y con cierta manera de actuar respecto a la falta o a la pérdida. Michèle Petit concluye este tema diciendo que la lectura literaria tiene que ver con la experiencia de la pérdida, porque cuando uno pretende negarla evita la literatura.

 

Pasando a Lectura literaria y construcción de sí mismo el lector elabora un espacio propio; la lectura puede ser a cualquier edad y se transforma en un atajo privilegiado para elaborar o mantener un espacio íntimo y privado.

El lector joven elabora otro lugar, un espacio donde no depende de otros. Esta lectura transgresora, dando así la espalda a los suyos.

Propone una identificación creada por la lectura, un espacio psíquico, lectores activos que se apropian de lo que leen a la vez que interpretan el texto.                                                     La escritura por sí misma no nos muestra nada ya que para leer se necesita unir los caracteres y así descifrarlos y unir una cadena de representaciones que es la del lector y no la del texto.

 

El lector hace como Peter Pan, encontrando, a veces, en los libros el eco de las historias que escuchó de niño.

Éstos fueron algunos de los puntos que nos parecieron más interesantes y llamativos y que nos pueden servir a la hora de querer fomentar espacios para la lectura, escritura y convertirnos en formadores de usuarios activos de la lengua escrita.

 

 

 

 

Aída Lanoël y Elizabeth Chemes.

Colegio Universitario Vocacional Concepción-2009

 

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