Nicéforo Suárez despertó bruscamente en medio de la noche totalmente bañado en transpiración y sumamente angustiado. Sentía dentro suyo una sensación de vacío, como si le faltara algo; tenía secas la boca y la garganta y una sed abrasadora. Había tenido un sueño muy desagradable del cual prefería no acordarse. A su alrededor todo era penumbra, pensó en darse una ducha de agua fría, tal vez eso lo aliviaría. Luego de ducharse, bebió un vaso de agua fresca y volvió a la cama un poco más tranquilo ya e intentando dormir, mas, a pesar de todo el sueño no venía, además, a su lado su mujer dormía plácidamente y no quería que ella despertara pues se preocuparía. Pensó en salir a caminar por los alrededores pero desechó esa idea dada las altas horas de la noche. A fin de vencer el insomnio se puso a contar: uno, dos, tres… cien…doscientos… trescientos… mil… así, poco a poco Nicéforo fue entrando en estado de sopor.

Como en un extraño juego de tiempo y espacio, Nicéforo se encontró de pronto transitando por oscuras y desconocidas callejuelas suburbanas, con la extraña sensación de encontrarse en otro tiempo, en otra dimensión. Fugazmente acudieron a su mente recuerdos dispersos de su lejana infancia en aquel ignoto pueblito de provincia donde había nacido. Con mucha nostalgia evocó los gratos momentos pasados en la vieja cascada cercana a su casa cuando en aquellos agobiantes días de calor iba con sus pequeños amigos a zambullirse en sus diáfanas aguas donde jugueteaban alegremente, pero que también le costaban constantes reprimendas de parte de sus padres. ¡Cuantos sueños había forjado Nicéforo en esa infancia feliz!
Siendo adolescente ya, se instala en la gran ciudad en busca de nuevos horizontes. Con el correr del tiempo, y luego de pasar por distintos trabajos, logra ingresar en la Empresa del Agua donde ocupaba actualmente un cargo jerárquico.

Imbuido por completo en sus pensamientos, casi no se había dado cuenta de que el sol había comenzado a asomar disipando las últimas horas de la noche hasta que una leve brisa le acarició el rostro volviéndolo a la realidad y sintiéndose desorientado.
La ciudad despertaba de su letargo y las calles se iban poblando de gente y vehículos, entrando nuevamente en esa febril actividad propia de toda gran urbe.
A todo esto, Nicéforo se sentía cansado y decidió no dilatar su regreso a casa. En un puesto callejero de revistas compró un diario y comenzó a hojearlo, así fue que al llegar a la página de policiales vio una información que lo dejó atónito: la misma daba cuenta de la desaparición del ciudadano Nicéforo Suárez, hecho denunciado puntualmente por su familia. No es posible, pensó Nicéforo, debe tratarse de un error, seguramente la información se refería a otra persona que coincidentemente tenía su mismo nombre, pero inmediatamente desechó esta idea ya que al seguir leyendo observó que allí figuraban su domicilio y todos sus datos personales además del nombre de su mujer Sí, no cabía ninguna duda de que se trataba de su propia persona, pero, ¿cómo podía ser esto posible? Mas, de a poco fue calmándose ya que cuando hiciera su reaparición se aclararía todo, y esto diciéndose se encaminó a la próxima calle para tomar un taxi, mas, al llegar a ella le acometió nuevamente el recuerdo de aquella pesadilla que lo había trastornado y sintió temor, que más que temor era como una premonición.

En la pesadilla en cuestión él se encontraba en un páramo lúgubre y desolado, sin signos de vida alguna, donde reinaba un silencio sepulcral sólo interrumpido de a ratos por espeluznantes alaridos como provenientes de ultratumba y que le provocaban infinito terror; y allí estaba solo, solo con sus miedos, con su angustia y desesperación en medio de la nada, del vacío sin fin, impotente y paralizado, sin experimentar reacción alguna… aunque allí cerca suyo y actuando como un bálsamo quizás, una feliz aparición, una visión increíble, un hilo de agua, una cascada, ¿no era ésa acaso la bendita cascada de su infancia? Si hasta sentía su frescor… En ese punto había despertado angustiado y temeroso.

Ahora que había salido de esa terrible pesadilla, Nicéforo intentó despabilarse, tratando de mantenerse lo más lúcido posible, al regresar a casa lo primero que haría sería meterse en cama a descansar ya que se sentía agotado tanto física como mentalmente. En esto pensaba, cuando de improviso todo para él se volvió negro, extrañamente el cielo y el día oscurecieron y hasta la calle en que se encontraba, la gente y los edificios habían desaparecido. Era el más absoluto silencio, la nada.

Nicéforo sintió que todo giraba a su alrededor y flotando en el espacio inmenso, voraz, infinito, allá donde nunca había estado nadie quizás. Lo que le estaba sucediendo era para enloquecer, pero aún así, persuadido de que su mente le estaba jugando una mala pasada prosiguió su camino, buscando algo a qué aferrarse, algo que lo alejara de todo ese horror, una luz, una salida cualquiera. Así, porfiadamente continuó su marcha cuando de repente le pareció percibir muy tenuemente una incipiente luz titilando a lo lejos y hacia ella se encaminó resueltamente resoplando aliviado, por fin iba a terminar este tormento, ella – la luz- lo conduciría fuera de todo este horror, hacia la liberación, y siguió caminando en pos de ella, mas a pesar de todo su esfuerzo no alcanzaba nunca la bendita luz salvadora y cuando creía tenerla a su alcance, ésta, caprichosamente se alejaba más aún de él en un constante y burlesco juego de ida y vuelta…
Definitivamente entregado a su suerte y sumido en la más honda desesperación, Nicéforo Suárez sintió un punzante escalofrío recorriendo todo su cuerpo mientras se iba diluyendo su silueta en esa oscuridad fantasmagórica.
……………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………

En un tiempo no precisado, supersticiosos paisanos de tierra adentro murmuraban atemorizados que en noches pavorosamente oscuras y sofocantes suele escucharse el incesante chapoteo de algún alma bendita en la vieja cascada de un pueblo provinciano.

Written by

Liter-aria. Revista de escritura

María del Pilar Moreno Martínez es profesora en Letras, egresada de la UNT. Comparte su actividad como escritora de relatos y poemas con la producción de ensayos. Publicó en diversas Antologías . LA RAMA DORADA , POEMAS Y MUROS COMO PUENTES y DE RESTOS Y DE RETOS son TRES de sus libros publicados hasta ahora. Además creó y administra desde 2009 esta revista literaria en internet, LITER-ARIA, www.liter-aria.com.ar, que difunde escritura de jóvenes y adultos de nuestra provincia y del exterior. Fue Coordinadora de Talleres de Expresión y comparte su tarea escrituraria con la dirección teatral. Creó y coordina el grupo de arte EL CANDIL.