Anciana, Sergio Omar Otero

El lugar huele a lavanda
y a historias reales de todos los días.
Roída por el tiempo desmigado
y cargando las piedras del olvido,
una anciana teje recuerdos polvorientos.
De vez en cuando
se le suelta algún punto y trata,
como puede, de volver a hilvanarlo, despacio,
con una mano enguantada.
El punto-recuerdo se pierde, a veces definitivamente,
otras, vuelve a aparecer luego,
indolente, como un azulado reflejo
de alguna otra leyenda.
Pero la anciana no se inmuta y sigue
trenzando su legado de memoria,
y algún que otro rocío
que se pierde en las cercanías de las sombras.

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