“La luz que irradia José”

 una leyenda recogida por Julia Ybrahim, en la zona  Ingas, una estancia al sur de la provincia de Tucumán; sus informantes y   redactores   fueron los estudiantes de la escuela del lugar.

   Hace algunos años, vivía en la Estancia Ingas, un niño al que llamaban “José miel”. Su papá le decía así porque era dulce, tierno y cariñoso. Asistía a la Escuela Nº 345, a 6º grado y los compañeritos lo llamaban José Miguel. Era buen alumno, cumplido, respetuoso. No tenía hermanos y vivía con su papá a quien ayudaba todas las tardes en las tareas del campo: daba agua a las vacas, caballos, chanchos, cabras y juntaba leña para hacer fuego. Su vida transcurría felizmente hasta que su papá enfermó y murió. El niño lloró su ausencia, como todo aquel que pierde un ser querido… En los días de calor le gustaba ir al Río Gastona a bañarse en compañía de sus amigos y su perrito. Se divertía mucho con ellos. Pero un día sucedió algo inesperado, trágico y terrible a la vez: viendo a su perrito en peligro, porque se había metido al río y creyendo que se moría, se tiró al agua para ayudarlo… La onda furtiva, de un remanso profundo, le abrió su seno amargo, lo estrechó entre sus brazos, lo absorbió y ante la mirada de su primo Iván, se hundió para nunca más saber de él. Desesperados los vecinos lo buscaron, pero todo fue en vano. Cuentan ellos que el niño les había dicho en reiteradas ocasiones que veía a su papá en el río llamándolo. Dicen también que en ese lugar aparece, en el fondo del agua, una luz brillante. Muchos creen que esa luz sería el alma de José Miguel que previene del remanso voraz a todos los bañistas y pescadores.

LEYENDA DEL SAUCE Y EL SIEMPREVERDE

LA LEYENDA  FUE RECOGIDA Y REDACTADA POR L@S NIÑ@S DEL LUGAR (Ingas, una estancia al sur de la provincia de Tucumán)

Hace algunos años vivieron en un paraje del Arroyo Atahona cuatro hermanos solos. Eran altos, de ojos claros, muy parecidos unos al otro.

   No tenían empleo; sólo trabajaban la tierra y vivían de su cosecha.

   Eran poseedores de cualidades que gustaban a las muchachas del poblado: la mirada penetrante, sonrisa cautivadora, manos rudas y perfume a madera.

   Nadie imaginó que pudieran amar a la misma mujer.

   Cierto día María, la chica de la cual estaban enamorados los hermanos, eligió a Nicolás, el muchacho bueno, de ojos verdes, tan verdes como el pasto fresco, piel morena y quedaron en encontrarse a la orilla del río para conversar y nadar en él.

   Al sentirse rechazados los otros hermanos, decidieron vengarse de la muchacha, y para ello prepararon una trampa.

Esperaron en el camino a Nicolás y lo golpearon hasta quitarle la vida.

   María que había visto lo ocurrido fue en busca de ayuda al pueblo.

   Entonces los hermanos decidieron ahorcarse para no ir presos.

   Cuando la joven regresó con la gente del pueblo vio que en el lugar ya no estaban los hombres, sino que un bello “siempre verde” que se mecía al compás del viento, al lado de tres “sauces llorones”.

   Se dice que los sauces lloran su pena por el gran error cometido contra su hermano, y que el “siempre verde” se muestra altivo por haber tenido el amor de María.

 

Una planta que nos beneficia (texto proporcionado por Julia Ibrahim)

 

             Hace mucho tiempo, en un lugar llamado Ingas, vivía una tribu de indios que cazaba corzuelas, liebres, chanchos del monte; los indios de esta comunidad pescaban a la orilla del río Gastona bagres, dorados, palometas, y recolectaban frutos silvestres como moras, tunas, chañar y algarroba.

             Estaban al mando de un cacique llamado Toro Bravo que vivía con su esposa e hija de 13 años quien tenía cabellos negros y ojos verdes. La niña era muy buena y jugaba con los indiecitos de las tribus vecinas. Todos la llamaban Rocío, por su frescura, transparencia y amabilidad.  Cierto día salió a recorrer el lugar en busca de afatas para hacer una escoba. Fue hasta la orilla del río y se desbarrancó y cayó al agua.

              El indio más viejo de la tribu, que pasaba por allí, vio a la niña Rocío que intentaba salir y no podía, y fue a avisar al cacique. Pero cuando llegó ella ya no estaba; su cuerpo había desaparecido de la superficie del agua.

              Atormentado el cacique imploró a los dioses por su hija.

              Y desde entonces, como regalo a tanta bondad, los dioses la transformaron en una planta, la totora, que tiene muchos beneficios para el hombre. Con ella la gente de la tribu comenzó a fabricar sillas, canastos, pantallas para lámparas, techar las chozas y hacer biombos, costumbres que aún se practican.

Alumnos de 5º y 6º. Escuela Nº 345 Sara Correa de Posse. Estancia Ingas, Simoca, Tucumán (Argentina)

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Liter-aria. Revista de escritura

María del Pilar Moreno Martínez es profesora en Letras, egresada de la UNT. Comparte su actividad como escritora de relatos y poemas con la producción de ensayos. Publicó en diversas Antologías . LA RAMA DORADA , POEMAS Y MUROS COMO PUENTES y DE RESTOS Y DE RETOS son TRES de sus libros publicados hasta ahora. Además creó y administra desde 2009 esta revista literaria en internet, LITER-ARIA, www.liter-aria.com.ar, que difunde escritura de jóvenes y adultos de nuestra provincia y del exterior. Fue Coordinadora de Talleres de Expresión y comparte su tarea escrituraria con la dirección teatral. Creó y coordina el grupo de arte EL CANDIL.