“El cuerpo humano estaba penetrando en una maquinaria de poder que lo explora, lo rompe y lo rearma. Una “anatomía política”, que también era una “mecánica de poder”, es lo que estaba naciendo; definía no sólo cómo uno podía tener control de los cuerpos de otros, no sólo para que pudieran hacer lo que uno quiera, sino para que operaran según el deseo de uno,  con las técnicas, la velocidad y la eficiencia que uno determine.  Así la vigilancia produce cuerpos sometidos y entrenados, cuerpos “dóciles” .” (Foucault, Vigilar y castigar)

 

LA VIGILANCIA

 

Si hemos de pensar en términos de una sociología (patología) del proceso militar instaurado a partir del 76, deberíamos por obligación partir de la apreciación de que la intolerancia ideológica generada durante aquel periodo del terror determinó el rechazo de una porción considerable de compatriotas cuyas vidas les fueron tomadas por el hecho de haber hablado y hasta por haber pensado de manera diferente a la del poder oficial establecido. Es por eso que proponerse examinar las relaciones de los sujetos con su historia puede permitir repensar la construcción de nuevas identidades sociales; unir el dolor con la esperanza y la ironía;  de manera que podamos imaginar la remota posibilidad de  superar la inmovilidad y la condición de fósiles a la que fueron expuestos nuestros cuerpos y nuestras mentes a partir de aquellos sucesos.

 

El 24 de marzo de 1976 asume el gobierno una junta de comandantes de las Fuerzas Armadas, dando comienzo de esta forma a lo que denominaron “Proceso de reorganización nacional”. Ya desde su proclama con la cual anuncian el derrocamiento de María Estela Martínez de Perón, afirmaban:

“…Nuestro pueblo ha sufrido una nueva frustración. Frente a un tremendo vacío de poder,(…) a la falta de una estrategia global que, conducida por el poder político, enfrentara a la subversión, (…) las Fuerzas Armadas, en cumplimiento de una obligación irrenunciable, han asumido el poder y desarrollarán, durante la etapa que hoy se inicia, una acción regida por pautas perfectamente determinadas, por medio del orden, del trabajo, la observancia plena de los principios éticos y morales, de la justicia, de la organización integral del hombre, del respeto a sus derechos y dignidad. Así la República llegara a la unidad de los argentinos y a la total recuperación del ser nacional.

A partir de este momento, la responsabilidad asumida impone el ejercicio severo de la autoridad para erradicar definitivamente los vicios que afectan al país. Por ello, a la par que se continuará combatiendo sin tregua a la delincuencia subversiva, abierta o encubierta, y se desterrará toda demagogia, no se tolerara la corrupción ni la venalidad bajo ninguna forma o circunstancia, ni tampoco cualquier transgresión a la ley u oposición al proceso de reparación que se inicia.

Las Fuerzas Armadas han asumido el control de la República. Quiera el país todo comprender el sentido profundo e inequívoco de esta actitud, para que la responsabilidad y el esfuerzo colectivo acompañen esta empresa que, persiguiendo el bien común, alcanzará con la ayuda de Dios la plena recuperación nacional”.

Teniente General Jorge Rafael Videla/Almirante Emilio Eduardo Massera/Brigadier General Orlando Ramón Agosti.

 

El lenguaje opera como sitio de lucha por los grupos que controlan sus fronteras, significación y ordenamiento; custodia la división que separa al grupo dominante de los grupos dominados. Es a través del lenguaje que se constituye la realidad; moldea las identidades sociales y se asegura la hegemonía cultural: “El lenguaje que empleamos para leer el mundo determina en alto grado la manera en que pensamos y actuamos en y sobre el mundo” (Bajtin, 1973). Acudimos, entonces, a las palabras que fueron dichas como declaración de principios y que habrían de iniciar una cosmovisión monológica y paradigmática que actualizaremos en nuestro proceso de análisis.

Aquellas palabras construyeron el discurso de la “vigilancia”; puesto que alguien debía “velar” por el bienestar y la vigencia no de un estado de derecho, sino de un estado “padre” que aseguraría los valores tradicionales cuya vigencia estaba siendo cuestionada. De este modo y equiparando la “transgresión a la ley” con la “oposición”, fundaron los imaginarios sociales que circularon para mostrar la escisión entre los que querían la República (derechos y humanos) y los “otros”.

Por lo tanto es evidente que los aludidos en aquel parlamento a quienes había de respetársele sus derechos y asegurarles la justicia no eran los mismos que los “otros”; los que deberían ser exterminados. El olvido y la exclusión eran posibles a través de la palabra.

 

EL CASTIGO

Sería un error considerar que la sociedad en su conjunto se resistió a este asalto, llamado golpe; por el contrario,  alentados por las capas medias, por casi todas las fuerzas políticas, la iglesia y el sector más poderoso del empresariado, los militares  llevaron a cabo esta “misión” donde las responsabilidades estaban divididas: mientras Martínez de Hoz organizaría “la economía”, los militares eliminarían la “subversión”.

En momentos en que el movimiento guerrillero se encontraba ya aislado, en declinación franca, comienza un tiempo en el que tendría especial relevancia el Terrorismo de Estado; bajo este imperio, las fuerzas armadas se utilizan contra los ciudadanos; violando sus derechos fundamentales y recurriendo al la tortura y asesinato de miles de personas; tal como lo determinaron los organismos encargados de investigar lo que sucedió.

El nuevo régimen (viejo en el método, tanto como la inquisición) usó en forma indiscriminada la violencia sobre un sector considerable de la población. El secuestro, la tortura y la muerte fueron las estrategias experimentadas para atemorizar al pueblo y lograr así una obediencia pasiva. Las palabras de Ibérico Saint-Jean, entonces gobernador de Buenos Aires, quizás resuma las posiciones tomadas por quienes eran los adalides de la causa:

“Primero mataremos a los subversivos, luego a sus colaboradores, después a sus simpatizantes y luego a quienes permanezcan indiferentes; y finalmente mataremos a los tímidos”.

 

La muerte se erigiría en la única salida posible; solamente matando podrían unificar las respuestas; imponer el orden. “El silencio es salud”, rezaban los carteles con los que tímidamente se protestaba en algún muro de la ciudad.

 

Construir al otro como un demonio fue sistemáticamente la acción de los funcionarios y gran parte de la prensa amordazada pero con algunos representantes que estaban en total acuerdo con el gobierno de facto, ya que cedían espacios televisivos y gráficos donde les permitían expresar sus teorías. La “Guerra Santa” se había instalado para dar lugar al mundo numinoso e idílico que nos mostraban sin fisuras, sin voces discordantes; aquellos que en nombre de Dios, habíanse con derecho a tomar la vida del otro. Bajo la máscara de la misión sagrada, se ocultó el saqueo y la profanación de lo que seguramente era “sagrado” para los otros: el derecho a la libre expresión y a la opinión propia.

 

MUCHOS

 

Nada hubiera sido posible sin la censura y la autocensura; único camino para cercenar el derecho a disentir. La censura contribuyó a construir a los otros como un peligro: la palabra del otro era peligrosa; no debía ser dicha y tampoco escuchada. Acallar y silenciar las voces diferentes fue el principal objetivo de los tiranos. Como consecuencia hubo indefensión de las víctimas, estigmatizadas, de este modo, y perseguidas en esta repetición amplificada de la violencia ya instaurada en la historia argentina desde el momento en que comenzó nuestro proyecto como estado independiente; aquel tiempo en que la patria se había convertido en El Matadero.

 

La intolerancia significa al mismo tiempo el no-reconocimiento del otro y por lo tanto no comprenderlo; de modo que  invalida cualquier  posibilidad de manifestarse con un pensamiento alternativo; por otra parte niega la convivencia que solamente puede fundarse en el respeto por las diferencias. En consecuencia ha generado lo absurdo, la catástrofe, la guerra, en nombre de la razón y la libertad: una vez más el racionalismo autoritario de la hoguera y los inquisidores se unieron con el imperialismo y el fundamentalismo.

 

Reorganizar la patria significaba disciplinar a la  sociedad argentina a través de la violencia sistemática que se ejercitaba en  todos los ámbitos a la vez que se anulaban automáticamente los derechos y las garantías a las personas. El etnocentrismo occidental, beligerante, dogmático, no tolera la diferencia. Asimismo acuden al exterminio de las fuerzas opositoras alternativas a través de la habilitación de fuerzas especiales; las paramilitares,  dedicadas al secuestro y a la muerte. Ejemplo de la intolerancia hasta ese presente nunca vista, que no sólo silenció las voces, sino que además ocultó impunemente los cuerpos.

Por lo tanto, reorganizar significaba también reconceptualizar el espacio, desde ahora marcadamente dividido entre la luz y la sombra.

 

La impunidad solamente podría haber sido totalmente vialble desde la clandestinidad; lugar desde donde se produciría al “desaparecido”, figura que nombra a quien había sido sacado por la fuerza, generalmente por la noche, amparados en las capuchas. Los “infiltrados” “izquierdistas” “idiotas útiles” “subversivos”… se procedía a liberar una zona donde se presentaban los “grupos de tarea”, quienes llevarían al secuestrado al centro clandestino de detención donde sería torturado y posteriormente muerto.

Las estrategias empleadas de la tortura, el simulacro de fusilamiento, tenían como finalidad no solamente obtener la información requerida sino degradar física y psíquicamente a los detenidos (cuerpo sometido)

 

LOS OTROS

 

Pero, pareciera que al mismo ritmo de las voces que se iban apagando crecía la deuda externa; el país se había transformado en un caos gracias al endeudamiento con la banca internacional. Los cuerpos desaparecidos se correspondían con la impunidad para disponer de los dineros del estado (esfera de lo público) así como también dispusieron clandestinamente de los bienes privados. El botín era cuantioso y las consecuencias de esta política siniestra fueron heridas profundas ya que se construyó un estado hegemónico donde se escuchaba solamente una voz.

 

Identificamos, así, una de las estrategias más acreditadas para la eliminación del otro y si no se podía terminar con él había que degradarlo a tal punto que se consiguiera su silencio y hasta la negación de sus principios: amortiguarlo, atemorizarlo y por último negarle toda posibilidad de inserción en lo social; lo que trajo como consecuencia el exilio, el autoextrañamiento, la huida… No obstante, a pesar del miedo y el terror impuestos,  comenzaron a oírse  algunas voces, las de las madre, las de las abuelas; a quienes no pudieron silenciar y desde allí y como una pequeña cuña, se fueron abriendo paso con sus marchas y con escaso acompañamiento a través del tiempo.

 

La absurda guerra de Malvinas, fue el corolario que le faltaba para dar por tierra con este periodo de intolerancia extrema autorizado por una ética religiosa dominante que fue cómplice del exterminio y de la legitimación de los procedimientos utilizados.

 

A veintisiete años del golpe más rudo que sin duda recibió nuestra sociedad algunos personajes pretenden seguir con el ocultamiento. La sociedad dañada sólo reparará ls heridas con justicia ya que los responsables no solamente no se arrepintieron sino que por el contrario hacen declaraciones a la prensa donde muestran los mismos puntos de vista siniestros que les posibilitaron el accionar sombrío. Procuran la adhesión de quienes estuvieron cercanos a ellos y prontos para su defensa, los que participaban del banquete. Quizás estén imposibilitados para mirar de otra manera.

 

LO OTRO (pendiente)

 

Los cambios en nuestra sociedad y en el mundo; la planetarización de los problemas no traen únicamente desventajas: la sociedad mundial se une para defender el derecho a pensar, a expresarse, a solidarizarse con las minorías excluidas que no se expresan. Reconocernos en la pluralidad; aceptar al otro sin prejuicio, instaurar el diálogo para resolver vivir con la diferencia; construir una ética social y cultural más allá de las religiosas dominantes.

 

Requeriremos para todo esto,  un desarme no solamente militar sino y sobre todo, un desarme cultural que permita la construcción de la alteridad y relativice las ideologías paradigmáticas que excluyen la posibilidad de conocer, construir y convivir con el otro.

 

* María del Pilar Moreno-Tucumán, 2003.

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Liter-aria. Revista de escritura

María del Pilar Moreno Martínez es profesora en Letras, egresada de la UNT. Comparte su actividad como escritora de relatos y poemas con la producción de ensayos. Publicó en diversas Antologías . LA RAMA DORADA , POEMAS Y MUROS COMO PUENTES y DE RESTOS Y DE RETOS son TRES de sus libros publicados hasta ahora. Además creó y administra desde 2009 esta revista literaria en internet, LITER-ARIA, www.liter-aria.com.ar, que difunde escritura de jóvenes y adultos de nuestra provincia y del exterior. Fue Coordinadora de Talleres de Expresión y comparte su tarea escrituraria con la dirección teatral. Creó y coordina el grupo de arte EL CANDIL.