El fracaso del idealismo romántico, por Eduardo Luna (2010)

“¿…Por que he de contemplar

  despectivamente  una calavera, yo, que llevo una en el rostro…?”

 

Introducción

El Realismo; consideraciones generales

 

El Realismo, no es otra cosa que la más clara reacción contra el Romanticismo, contra el idealismo romántico y su subjetividad. Los escritores realistas aparecen enmarcados por el pensamiento positivista de Augusto Compte, y se empeñan en aplicar a la literatura, el método científico positivista. Se da una reacción contra el idealismo, haciendo surgir un interés por los problemas sociales, y las ciencias experimentales (que habían adquirido gran desarrollo), dan respuesta a esos problemas. Se rechaza el idealismo romántico y se prefieren textos  que hablen de lo inmediato, tomando a la realidad misma como materia prima y tratando de representarla lo más objetivamente posible.

En líneas generales, el mundo burgués será el punto de partida del escritor realista, quien ya no se evade de la realidad sino que se propone retratarla,  frecuentemente con intención crítica.  Es por esto que los personajes clásicos de la literatura realista provienen de todas las clases sociales: la burguesía adinerada, mendigos, prostitutas, enfermos e infinidad de otros seres vulgares, feos o deformes. Se presta atención a los males de las sociedades; miedos, bajezas, defectos obsesiones y deformidades.

El Realismo de Mauppasant

 

Si hablamos de lo más selecto del Realismo literario francés, el nombre de Guy de Mauppasant surge inevitablemente. Es que este escritor de origen normando, nacido en 1850 y discípulo directo del gran maestro Gustave Flaubert, llevo el relato breve a su máxima expresión. Sus cuentos tienden a la pintura verdadera de ambientes, de costumbres, de los tipos mas diversos, provenientes del mundo rustico, de burgueses y de empleados.

El debut literario de Guy de Mauppasant esta ligado al relato Bola de sebo (Boule desuif, 1880) aparecido en el volumen Las veladas de Medan (Les Soirees de Medan) especie de manifiesto del realismo, que reunía cuentos sobre el tema de la guerra de 1870.

A propósito del realismo que abrazó, el mismo Guy de Mauppasant dijo:  “Tras las escuelas literarias, que han querido darnos una visión deformada, sobrehumana, poética, enternecedora, encantadora o soberbia de la vida, vino una escuela realista o naturalista que pretendió indicarnos la verdad y toda la verdad…”

Bola de sebo, una crítica a las altas clases de la sociedad francesa del siglo XIX

 

Bola de sebo es un exquisito relato que promueve la maestría de Guy de Mauppasant como cuentista y como agudo observador de la realidad. Este cuento, tiene como trasfondo la guerra franco-prusiana y la expansión de los grandes imperios, y también deja al descubierto el gran proceso de segregación que sufría la sociedad francesa en el siglo XIX, debido al fracaso del liberalismo, que terminó agudizando las diferencias sociales. A partir de este relato,  Mauppasant se propone fustigar a pequeños y grandes burgueses, a una nobleza venida a menos y a algunos representantes del clero. Estos personajes bellacos, ruines  son construcciones estereotipadas, a los que se desenmascara,  dejando en evidencia lo mas bajo y oscuro del alma humana. El penoso sacrificio de una joven prostituta inmolada al pudor de las damas y a la oración de las monjas es presentado con una destreza grotesca.

Esta composición literaria en realidad es una gran metáfora del desencanto, es una mirada sobre la dominación que las altas clases ejercieron sobre los más humildes a través de la historia, no dudando en sacrificar a estos últimos en pos de su conveniencia. En el cuento desfilan todos los estamentos de la sociedad francesa del siglo XIX: el clero, la nobleza, la burguesía y la prostituta que representa a lo mas bajo de estos estamentos. En el desarrollo narrativo del cuento aparecen plasmados claramente los modos de proceder de cada uno. Los estratos sociales  superiores, no hacen otra cosa que afirmar la falta de escrúpulos del poder y acentuar el rigor de la frase “el fin justifica los medios”. La prostituta Bola de sebo es “carne de cañón”para sus compañeros de viaje y es usada por estos para mantener su estatus.

Mauppasant hace evidente la hipocresía de la mujer de la clase alta, al presentar estos estereotipos femeninos:

  1. a) la mujer del burgués
  2. b) las dos monjas

 

El recatamiento de la primera es decididamente falso. La primera de estas damas de sociedad tuvo  un pasado turbio, pero luego el  dinero y los apellidos redimieron esa situación: “…y hablaron de su empaque, de rostro. La señora Carre Lamadon, que por haber sido amiga de muchos oficiales podía opinar con fundamento, juzgo al prusiano aceptable, y hasta se dolió de que no fuera francés, muy segura de que seduciría con el uniforme de húsar a no pocas mujeres…”[1]

 

La señora Lamadon, mucho mas joven que su marido y con un alto sentido de la moralidad, en un pasado no muy lejano fue consuelo de los militares distinguidos, mozos y arrogantes que iban de guarnición a Ruàn.

Es notorio en estas señoras de la alta sociedad, el deseo inconsciente de adulterio:

“…pero como el baño de pudor que defiende a las damas distinguidas de sociedad es un tanto tenue, aquella brutal aventura  las divertía y esponjaba, sintiéndose a gusto, en su elemento, regodeándose en un transe de amor, con la sensualidad propia de un cocinero goloso que prepara una cena exquisita sin poder probarla siquiera…”[2]

Las monjas por su parte son estereotipas por Mauppasant y sintetizan el comportamiento y el accionar de los ministros de la iglesia a través de la historia: solo comer, rezar, y establecer juicios de valor por doquier sobre todo cuando hay intereses de por medio. Las dos monjas llegado el momento, no tienen escrúpulos en dar argumentos de fe para inducir aBola de sebo a sacrificarse por el grupo. De esta forma el discurso literario asume una postura anticlerical, atacando las actitudes de la iglesia, entidad que siempre  tuvo como objetivo aprovecharse de la fe para garantizar y consolidar el status quo de las clases dominantes:“… lo cierto es que la monja contribuyó al triunfo de los aliados con un formidable refuerzo. La habían juzgado tímida, y se mostró arrogante y violenta, elocuente. No tropezaba en incertidumbres casuísticas era su doctrina como una barra de acero, su fe no vacilaba jamás, y no enturbiaba su conciencia ningún escrúpulo. Le parecía sencillo el sacrificio de Abraham, también ella hubiese matado a su padre, a su madre para obedecer un mandato divino; y, en su juicio nada podía desagradar al señor cuando las intenciones eran laudables…”[3]

La famosa frase “el fin justifica los medios”, es defendida por la inescrupulosa monja de forma clara y sin titubeos: “_…un acto condenable, puede con frecuencia, ser meritorio por la intención que lo inspira…[4]”

Sin embargo, mas tarde, después que la prostituta se entrega al prusiano, las “piadosas” mujeres de Dios no hacen ningún esfuerzo por defender a la muchacha de los comentarios  de las damas de sociedad, lejos de eso, las monjas asumen también un papel de indiferencia y se entregan a cumplir el rol que mejor desempeñó la iglesia a través del tiempo: el rictus sagrado de comer y rezar: “… las monjitas reanudaron sus rezos, después de envolver en un papelucho el sobrante de longaniza…”[5]

La prostituta Bola de sebo, representa a las clases menos privilegiadas, su profesión es indigna y motivo de vergüenza para sus compañeros de viaje; éstos,  paradójicamente terminan comiendo su comida. El comer de la canasta de Bola de sebo, tiene  un carácter simbólico, no solo muestra el altruismo y la generosidad de la joven prostituta, sino  también representa, que el estilo de vida y el estatus quo  de las clases altas están en gran medida sostenida por las clases mas bajas.

Bola de sebo, además de generosa es muy patriota, a lo largo de la historia vuelca todo un discurso a la patria y hace evidente su odio al invasor. Bola de sebo surge de los sectores más bajos de la sociedad de la época, y estos grupos considerados los más indignos paradójicamente son los que sostienen el ideario de nacionalismo. Históricamente estas clases menos favorecidas son las encargadas de mantener el estatus de las clases dominantes.

“…Ninguno la miró, no se preocupó de su presencia; la infeliz se sentía sumergida en el desprecio de la turba honrada que la obligo a sacrificarse y después la rechazo, como un objeto inservible y asqueroso…”[6]

Al final del relato, la prostituta Bola de sebo, no puede redimirse ya que esta condicionada por el determinismo social. Ese determinismo social no aparece “expreso” en la obra, sino sugerido.

Por su parte, las figuras masculinas del relato son personajes ruines e hipócritas también.

El señor Carrè Lamadon, es un burgués corrupto e interesado. Es un parásito que a través de negocios sucios vive del estado.

El señor Cornudet es un político demócrata y ocioso con grandes ambiciones de poder. Es alcohólico y derrochón. Aguarda el triunfo de la republica para lograr un puesto en el gobierno, pero no tiene ideales y no se compromete con nada.

El conde Breville, es un hombre pretencioso, pertenece a la nobleza y hace alarde de eso. Tiene una diputación provincial, y se caso con una mujer de condición humilde pero pretenciosa  y ambiciosa como el. En el aparece personificado el típico francés.

El posadero Follenvie, es un personaje ruin, es un lumpem sin escrúpulos, no tiene inclinación hacia nada o hacia nadie, es un mercenario. Es él, el intermediario entre Bola de sebo y el oficial prusiano.

En síntesis, el relato es una gran metáfora realista, opuesta al romanticismo y que surge por contrastes. En Bola de sebo, el ideario romántico de justicia, patria y libertad se destruye a través de la ironía; ese ideario romántico es destruido  por la realidad que es enunciada irónicamente.

Bibliografia

Mauppasant, Guy: Bola de sebo, magnetismo y otros cuentos. Alianza, Editorial Chile 1999.

[1] Mauppasant, Guy: Bola de sebo, magnetismo y otros cuentos. Alianza, Editorial Chile 1999. Pág.  41

[2] Mauppasant, Guy: Bola de sebo, magnetismo y otros cuentos. Alianza, Editorial Chile 1999. Pág. 42

[3] Mauppasant, Guy: Bola de sebo, magnetismo y otros cuentos. Alianza, Editorial Chile 1999. Pág. 45

[4] Mauppasant, Guy: Bola de sebo, magnetismo y otros cuentos. Alianza, Editorial Chile 1999. Pág. 45

[5] Mauppasant, Guy: Bola de sebo, magnetismo y otros cuentos. Alianza, Editorial Chile 1999. Pág. 53

[6] Mauppasant, Guy: Bola de sebo, magnetismo y otros cuentos. Alianza, Editorial Chile 1999. Pág. 53

* Eduardo Luna, Profesor en Lengua y Literatura, estudiante de la Licenciatura en Letras

Facultad de Humanidades de la UNSE, Universidad Nacional de Santiago del Estero – Argentina

thepretorian_79@hotmail.com

 

 

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